Me gusta tu cara fina y morena, con sus líneas duras que contrastan en tus labios y tus cejas espesas siempre presentes. Con tus ojos libres e irreverentes, que me lo dicen todo solo cuando tú quieres.
Me gusta sentir tu peso sobre el mío, tu pecho sobre el mío. El duelo de nuestra respiración que existe solo después de nutrirse y rendirse, de entenderse y acompañarse. El intercambio de fluidos, miradas, besos y caricias que van desde los pies hasta la frente. El incesante recorrido de nuestros dedos, de tu barbilla y de tus labios.
Me gusta tu lentitud que esconde vehemencia. Ese juego tuyo en el que me gusta perder. Un dejarme ir en el control de tu deseo, en el cual me vuelvo consciente dentro de un espacio íntimo que lentamente exploro, toco y saboreo, logrando de vez en cuando arrancarte un gemido sincero.
Me gusta tu cara, fina y morena. Que refleja todos tus movimientos. Que entiende que las palabras que hemos dicho se acompañan de nuestros cuerpos, y de besos a veces incompletos que terminan en sonrisas o carcajadas, y que aterrizan a ojos cerrados con tu frente en mi hombro.
Me fundo en el peso de tu cuerpo sobre el mío, reflejado en tu cara coqueta y ligera que de vez en cuando se esconde en mi pecho, penetrando mi cuerpo ayudado del sudor, dejándonos unidos en lo que parece ser una sola masa, pegada por horas compartidas llenas de juegos, risas y sentimientos.